miércoles, noviembre 22, 2006

Examen de diciembre

Chicas y chicos

en Apuntes de literatura tienen todo el material necesario para el examen de diciembre
fijense bien lo que corresponde a 8vo y a estudiar!
Cualquier duda la consultamos en clase
manos a la obra!

la profe

martes, noviembre 14, 2006

haikus de Jorge Luis Borges

¿Es o no es
el sueño que olvidé
antes del alba?


Desde aquel día
no he movido las piezas
en el tablero.

¿Es un imperio
esa luz que se apaga
o una luciérnaga?

Bajo el alero
el espejo no copia
más que la luna.

Sobre el haiku

Los orígenes del haiku provienen del haikai. El haikai era una forma poética marcada ya que generalmente su contenido se basa en lo cómico y lo divertido. Al pasar el tiempo el haikai se asoció a otro estilo de composición poético llamado Renga, formándose así una derivación del Renga, el Haikai-no-Renga. El Haikai-no-Renga era una sucesión de poemas Haikai, manteniendo su estilo.
El primer poema que iniciaba esta sucesión se denominaba Hokku. Matsuo Basho, poeta muy afamado en el arte del haikai, separó el primer poema del Haikai-no-Renga (el Hokku) y por ende lo independizó del Renga, dándole al Hokku una personalización estética y expresiva. Pero Basho también llamaba al Hokku como Haiku. Esto hizo que en los inicios, el Hokku fuera lo mismo que el Haiku.
Pero con el paso del tiempo, poetas como Masaoka Shiki separan sustancialmente el haiku del hokku, continuando este último con un estilo "cómico" y tomando el haiku un estilo más "espiritual".
Características
El haiku se compone de tres versos de 5, 7 y 5 sílabas, sin rima. Suele contener una palabra clave denominada kigo (季語, kigo?) que indica la estación del año a la que se refiere.
Tradicionalmente el haiku, así como otras composiciones poéticas, buscaba describir los fenómenos naturales, el cambio de las estaciones, o la vida cotidiana de la gente.
Reglas
El haiku tiene algunas reglas preestablecidas, pero éstas son consideradas arbitrarias y muchos poetas las rompen, especialmente cuando el haiku es adaptado a otros idiomas. Algunas de estas reglas son que el haiku debe combinar dos imágenes distintas que se relacionen con el tercer verso, debe estar escrito en presente y tener una pausa, conocida como kireji, al final de uno de los dos primeros versos.
En la actualidad, se suele enseñar a escribir estos poemas cortos en escuelas occidentales, aunque de una forma mucho menos estricta, respetándose únicamente el formato silábico.

El alazán (Atahualpa Yupanqui)

Era una cinta de fuego
galopando, galopando
crin revuelta en llamaradas,
¡mi alazán te estoy nombrando!

Cruzó las sierras con luna,
cruzó los valles nevando.
Cien caminos anduvimos,
¡mi alazán te estoy nombrando!

Oscuro lazo de niebla
te pialó junto al barranco
¿Como fue que no lo viste?
¿Qué estrella andabas mirando ?

En el fondo del abismo
ni una voz para nombrarlo,
solito se fue muriendo
¡mi caballo, mi caballo!

En una horqueta del tala
hay un morral solitario,
y hay un corral sin relincho.
¡mi alazán te estoy nombrando!

Si como dicen algunos
hay cielos pa'l buen caballo,
por ahí andará mi flete
galopando, galopando...

Preparandonos para diciembre

La casa de Asterión
Jorge Luis Borges


Y la reina dio a luz un hijo que se llamó Asterión
Apolodoro, BibliotecaIII,I

Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito*) están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aqui ni el bizarro aparato de los palacios, pero sí la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz de la Tierra. (Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida.) Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que no hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el Sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se prosternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, creo, se ocultó bajo el mar. No en vano fue una reina mi madre; no puedo confundirme con el vulgo, aunque mi modestia lo quiera.
El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda trasmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Las enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprendiera a leer. A veces lo deploro porque las noches y los días son largos.
Claro que no me faltan distracciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suelo, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. (A veces me duermo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos). Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocamos en otro patio o Bien decía yo que te gustaría la canaleta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya veras cómo el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos.
No sólo he imaginado esos juegos; también he meditado sobre la casa. Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce (son infinitos) los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes. La casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Eso no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce (son infinitos) los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado Sol;. abajo, Asterión. Quizá yo he creado las estrellas y el Sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo.
Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos. Uno tras otro caen sin que yo me ensangriente las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadáveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que, alguna vez llegaría mi redentor. Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanzara todos los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?, me pregunto.
¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?
El Sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.
-¿Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió.
FIN
* El original dice catorce, pero sobran motives para inferir que en boca de Asterión, ese adjetivo numeral vale por infinitos.

lunes, noviembre 06, 2006

Felicitaciones 8vo B!!!!

Quería contarles que 8vo B obtuvo una mención en el Concurso de Haiku 2006 organizado por la Fundación Internacional Jorge Luis Borges.
Es un logro muy importante para ustedes pues han participado miles de escuelas de todo el país
me siento muy orgullosa
un abrazo
la profe

Carta a los chicos


Queridos chicos:
Ya los estoy extrañando!!! Quería contarles un poco de estos días en que no nos hemos visto.Estuvimos con Gustavo Bórquez de la ESB 186 en los primeros Juegos Culturales Evita que se desarrollaron en la ciudad de Embalse Río Tercero (Pcia. de Córdoba).Allí se reunieron delegaciones de todas las provincias y realizaron talleres de literatura (cómic y poesía), canto,dibujo, pintura y danza folklórica.
Participamos del taller de canto que coordinó el profe Guillermo Ibañez y allí creamos el proyecto se me viene la copla.
Asistimos a las competencias de atletismo especial que fueron muy emocionantes y allí nos hicimos amigos de tres chicos ciegos de 15 años Nahuel (músico, bicampeón de salto en largo y carrera de 80 mts), Pablo (medalla de plata en carrera de 150 mts) y Yesi Loyola de la escuela 511 de La Matanza (medalla de plata en posta y posta integrada, medalla de bronce en salto en largo y en carrera de 80 mts)
Fue realmente maravilloso todo el encuentro y a través de conocer a estos chicos es que estoy saliendo esta noche a participar en el Encuentro de Integración por el Arte que se realiza esta semana en Mar del Plata.Volveré el lunes 13 con muchísimo para compartir con ustedes
los quiero mucho y no los olvido eh!
la profe

miércoles, agosto 23, 2006

un haiku de invierno


Abrigo frío
cristales empañados
y gran soledad



Macarena Aguilar














La ilustración pertenece a la artista Pat Binder
http://www.universes-in-universe.de/car/havanna/morro/s_bind2.htm

+haiku


En el verano
una fruta madura
cae del árbol

Mariel Suárez
Para ver más imágenes hacé clik acá

haikus


El jazmín brilla
resplandeciente rocío
en luz de luna

Abel Nieva
Podés ver más fotos de Juan García Gálvez aquí

martes, agosto 15, 2006

bajo la tierra



volaban diamantes resplandecientes
bajo las estrellas
labios sombríos
pasan como grillos
un puñal débil
escuchaba
bajo la tierra
como el viento en el cielo
picos de luz
en el invisible paisaje
mariposas tímidas
giraban desde la luna
praderas azules
humedecían el aire


Johny

la obra que acompaña este poema es de Mirta Kuferkminc

miércoles, agosto 09, 2006

A la deriva (Horacio Quiroga)


El hombre pisó algo blancuzco, y en seguida sintió la mordedura en el pie. Saltó adelante, y al volverse con un juramento vio una yaracacusú que, arrollada sobre sí misma, esperaba otro ataque.
El hombre echó una veloz ojeada a su pie, donde dos gotitas de sangre engrosaban dificultosamente, y sacó el machete de la cintura. La víbora vio la amenaza, y hundió más la cabeza en el centro mismo de su espiral; pero el machete cayó de lomo, dislocándole las vértebras.
El hombre se bajó hasta la mordedura, quitó las gotitas de sangre, y durante un instante contempló. Un dolor agudo nacía de los dos puntitos violetas, y comenzaba a invadir todo el pie. Apresuradamente se ligó el tobillo con su pañuelo y siguió por la picada hacia su rancho.
El dolor en el pie aumentaba, con sensación de tirante abultamiento, y de pronto el hombre sintió dos o tres fulgurantes puntadas que, como relámpagos, habían irradiado desde la herida hasta la mitad de la pantorrilla. Movía la pierna con dificultad; una metálica sequedad de garganta, seguida de sed quemante, le arrancó un nuevo juramento.
Llegó por fin al rancho y se echó de brazos sobre la rueda de un trapiche. Los dos puntitos violeta desaparecían ahora en la monstruosa hinchazón del pie entero. La piel parecía adelgazada y a punto de ceder, de tensa. Quiso llamar a su mujer, y la voz se quebró en un ronco arrastre de garganta reseca. La sed lo devoraba.
-¡Dorotea! -alcanzó a lanzar en un estertor-. ¡Dame caña1!
Su mujer corrió con un vaso lleno, que el hombre sorbió en tres tragos. Pero no había sentido gusto alguno.
-¡Te pedí caña, no agua! -rugió de nuevo-. ¡Dame caña!
-¡Pero es caña, Paulino! -protestó la mujer, espantada.
-¡No, me diste agua! ¡Quiero caña, te digo!
La mujer corrió otra vez, volviendo con la damajuana. El hombre tragó uno tras otro dos vasos, pero no sintió nada en la garganta.
-Bueno; esto se pone feo -murmuró entonces, mirando su pie lívido y ya con lustre gangrenoso. Sobre la honda ligadura del pañuelo, la carne desbordaba como una monstruosa morcilla.
Los dolores fulgurantes se sucedían en continuos relampagueos y llegaban ahora a la ingle. La atroz sequedad de garganta que el aliento parecía caldear más, aumentaba a la par. Cuando pretendió incorporarse, un fulminante vómito lo mantuvo medio minuto con la frente apoyada en la rueda de palo.
Pero el hombre no quería morir, y descendiendo hasta la costa subió a su canoa. Sentose en la popa y comenzó a palear hasta el centro del Paraná. Allí la corriente del río, que en las inmediaciones del Iguazú corre seis millas, lo llevaría antes de cinco horas a Tacurú-Pucú.
El hombre, con sombría energía, pudo efectivamente llegar hasta el medio del río; pero allí sus manos dormidas dejaron caer la pala en la canoa, y tras un nuevo vómito -de sangre esta vez- dirigió una mirada al sol que ya trasponía el monte.
La pierna entera, hasta medio muslo, era ya un bloque deforme y durísimo que reventaba la ropa. El hombre cortó la ligadura y abrió el pantalón con su cuchillo: el bajo vientre desbordó hinchado, con grandes manchas lívidas y terriblemente doloroso. El hombre pensó que no podría jamás llegar él solo a Tacurú-Pucú, y se decidió a pedir ayuda a su compadre Alves, aunque hacía mucho tiempo que estaban disgustados.
La corriente del río se precipitaba ahora hacia la costa brasileña, y el hombre pudo fácilmente atracar. Se arrastró por la picada en cuesta arriba, pero a los veinte metros, exhausto, quedó tendido de pecho.
-¡Alves! -gritó con cuanta fuerza pudo; y prestó oído en vano.
-¡Compadre Alves! ¡No me niegue este favor! -clamó de nuevo, alzando la cabeza del suelo. En el silencio de la selva no se oyó un solo rumor. El hombre tuvo aún valor para llegar hasta su canoa, y la corriente, cogiéndola de nuevo, la llevó velozmente a la deriva.
El Paraná corre allí en el fondo de una inmensa hoya, cuyas paredes, altas de cien metros, encajonan fúnebremente el río. Desde las orillas bordeadas de negros bloques de basalto, asciende el bosque, negro también. Adelante, a los costados, detrás, la eterna muralla lúgubre, en cuyo fondo el río arremolinado se precipita en incesantes borbollones de agua fangosa. El paisaje es agresivo, y reina en él un silencio de muerte. Al atardecer, sin embargo, su belleza sombría y calma cobra una majestad única.
El sol había caído ya cuando el hombre, semitendido en el fondo de la canoa, tuvo un violento escalofrío. Y de pronto, con asombro, enderezó pesadamente la cabeza: se sentía mejor. La pierna le dolía apenas, la sed disminuía, y su pecho, libre ya, se abría en lenta inspiración.
El veneno comenzaba a irse, no había duda. Se hallaba casi bien, y aunque no tenía fuerzas para mover la mano, contaba con la caída del rocío para reponerse del todo. Calculó que antes de tres horas estaría en Tacurú-Pucú.
El bienestar avanzaba, y con él una somnolencia llena de recuerdos. No sentía ya nada ni en la pierna ni en el vientre. ¿Viviría aún su compadre Gaona en Tacurú-Pucú? Acaso viera también a su ex patrón mister Dougald, y al recibidor del obraje.
¿Llegaría pronto? El cielo, al poniente, se abría ahora en pantalla de oro, y el río se había coloreado también. Desde la costa paraguaya, ya entenebrecida, el monte dejaba caer sobre el río su frescura crepuscular, en penetrantes efluvios de azahar y miel silvestre. Una pareja de guacamayos cruzó muy alto y en silencio hacia el Paraguay.
Allá abajo, sobre el río de oro, la canoa derivaba velozmente, girando a ratos sobre sí misma ante el borbollón de un remolino. El hombre que iba en ella se sentía cada vez mejor, y pensaba entretanto en el tiempo justo que había pasado sin ver a su ex patrón Dougald. ¿Tres años? Tal vez no, no tanto. ¿Dos años y nueve meses? Acaso. ¿Ocho meses y medio? Eso sí, seguramente.
De pronto sintió que estaba helado hasta el pecho.
¿Qué sería? Y la respiración...
Al recibidor de maderas de mister Dougald, Lorenzo Cubilla, lo había conocido en Puerto Esperanza un viernes santo... ¿Viernes? Sí, o jueves...
El hombre estiró lentamente los dedos de la mano.
-Un jueves...
Y cesó de respirar.

miércoles, julio 26, 2006

regalito de vacaciones



Hola chicos! Me pareció interesante agregar en el blog algunos textos para disfrutar como éste de Julio Cortázar. El cuento pertenece al libro Silvalandia


Concentración en la lectura

Los cuatro bufones del señor de Silvalandia me están mirando. Fingen jugar entre ellos y con el pájaro Emilio, pero sé muy bien que apenas trato de volver a estas líneas ellos me clavan sus ojos implacables y perturban mis bien ganadas recreaciones.
Está visto, con gente así no se puede estar del otro lado. Ahora el pájaro Emilio pasa a manos del bufón del jardín, mientras los otros sonríen como a la espera de que yo me distraiga y entre casi sin saberlo en sus juegos; es evidente que hay lugar de sobra en el palacio, que me acogerán y me enseñarán sus artes y sus funciones; apenas me descuide y deje de concentrarme en lo que leo, en esto que les irrita porque me separa de ellos, puedo precipitarme a la desgracia, fulminantemente absorbido por el embudo de sus ojos.
Ah, pero no pasaré al jardín, no me dejaré atrapar por el rojo bufón de los buzones, por el pequeño hipocampo a quien el señor confía las burbujas y las cerraduras; sobre todo huiré de ti, enorme bufón lengua afuera, encargado del gorro del sueño, de los negocios que exigen elocuencia y mentira. Seguiré leyendo sin distraerme, sabiendo que me están mirando, que el pájaro Emilio se prepara a saltar a mi hombro. Jamás se lo permitiré; nunca seremos cinco en Silvalandia.